Las islas sin nombre
Archivo de Julio, 2009
27 07, 2009
Dejé la estepa
cansado y aturdido;
pasto de la ansiedad.
No hay otros mundos
pero sí hay otros ojos,
aguas tranquilas
en las que fondear.
Mar antiguo, madre salvaje,
de abrigo incierto
que acuna el olivar.
Muge mi alma confusa y triste;
ojos azules en los que naufragar.
Te he echado tanto de menos
patria pequeña y fugaz;
que al llegar cruel del norte el huracán
no se apague en tu puerto el hogar.
8 07, 2009
La incontinencia verbal daña la buena fama ajena, destruye la reputación del que la practica, deshace vínculos, levanta muros y siembra enemistades duraderas. Es una de las plagas del siglo XXI. No es que antes no existiese pero, ahora, gracias a las nuevas tecnologías, se ha convertido en pandemia devastadora. A tiro de clic en el ordenador, la gente la suelta cuadradas… y luego ya no tiene remedio.
La incontinencia verbal es admisible hasta cierto punto en los muy jóvenes y los muy mayores. Ocurre con la boca lo que con algunos esfínteres, que a esas edades resultan difíciles de controlar. Tampoco hay que confundir la incontinencia verbal con el calentón de boca. El primero es al segundo lo que la viruela al sarpullido. ¿A quién no se le ha calentado la boca alguna vez? Ante los calentones de boca conviene ser tolerantes. No así con los incontinentes verbales, porque se crecen. Sobre todo, no hay que reírles las gracias ni darles cancha, aunque sólo sea porque eso les empuja más al abismo.
La incontinencia verbal da pie a la soberbia propia. Enciende también la ira ajena. Como no está uno de los pecados capitales cristianos, no se redime con el simple arrepentimiento. Tampoco alcanza casi nunca el perdón. No existe vacuna pero sí, al menos, medidas profilácticas para precaverse contra ella. La mesura es una. La segunda lo que decía Napoleón: cuando creas que te han ofendido, aguarda.
También recordar los viejos refranes, convertidos en este caso en recetas de la abuela: En boca cerrada, no entran moscas.