Las islas sin nombre
Beber solo al claro de la Luna (poema chino).
27 11, 2009Entre flores, una taza de vino
Bebo solo. Ningún amigo está cerca.
Alzo mi copa, invito a la Luna
Y a mi sombra, y somos tres.
Pero la Luna no sabe de bebida
Y mi Sombra solo me imita.
Aun así, Luna y Sombra serán mi compañía.
La primavera es época de goce.
Canto y la Luna me acompaña.
Bailo y mi Sombra se estrecha a mí.
Cuando estoy sobrio, nos alegramos juntos.
Cuando bebo, cada uno se va por su lado.
Juramos encontrarnos en el Río de Plata de los Cielos.
Fall, leaves, fall. De Emily Brontë.
27 10, 2009Fall, leaves, fall; die, flowers, away;
Lengthen nigh and shorten day;
Every leaf speaks bliss to me
Fluttering from the autumn tree.
I shall smile when wreaths of snow
Blossom were the rose should grow;
I shall sing when night’s decay
Ushers in a drearier day.

Tu ausencia es una cosa que pesa como plomo
Tu ausencia es una cosa dura como metal
Tu ausencia es un enorme barranco al que me asomo
Sin tacto, sordo, ciego, igual que un mineral.
Tu ausencia es un olor que abrasa mi nariz
Un ruido monstruoso que se cuelga en mi oreja
Un animal sin límites que es todo cicatriz
Y que lame mi vida y me la deja vieja.
De «Mar antiguo», del Último de la fila.
27 07, 2009Dejé la estepa
cansado y aturdido;
pasto de la ansiedad.
No hay otros mundos
pero sí hay otros ojos,
aguas tranquilas
en las que fondear.
Mar antiguo, madre salvaje,
de abrigo incierto
que acuna el olivar.
Muge mi alma confusa y triste;
ojos azules en los que naufragar.
Te he echado tanto de menos
patria pequeña y fugaz;
que al llegar cruel del norte el huracán
no se apague en tu puerto el hogar.
Verbal incontinencia
8 07, 2009La incontinencia verbal daña la buena fama ajena, destruye la reputación del que la practica, deshace vínculos, levanta muros y siembra enemistades duraderas. Es una de las plagas del siglo XXI. No es que antes no existiese pero, ahora, gracias a las nuevas tecnologías, se ha convertido en pandemia devastadora. A tiro de clic en el ordenador, la gente la suelta cuadradas… y luego ya no tiene remedio.
La incontinencia verbal es admisible hasta cierto punto en los muy jóvenes y los muy mayores. Ocurre con la boca lo que con algunos esfínteres, que a esas edades resultan difíciles de controlar. Tampoco hay que confundir la incontinencia verbal con el calentón de boca. El primero es al segundo lo que la viruela al sarpullido. ¿A quién no se le ha calentado la boca alguna vez? Ante los calentones de boca conviene ser tolerantes. No así con los incontinentes verbales, porque se crecen. Sobre todo, no hay que reírles las gracias ni darles cancha, aunque sólo sea porque eso les empuja más al abismo.
La incontinencia verbal da pie a la soberbia propia. Enciende también la ira ajena. Como no está uno de los pecados capitales cristianos, no se redime con el simple arrepentimiento. Tampoco alcanza casi nunca el perdón. No existe vacuna pero sí, al menos, medidas profilácticas para precaverse contra ella. La mesura es una. La segunda lo que decía Napoleón: cuando creas que te han ofendido, aguarda.
También recordar los viejos refranes, convertidos en este caso en recetas de la abuela: En boca cerrada, no entran moscas.
De «Antes del Odio», de Miguel Hernández
27 06, 2009No, no hay cárcel para el hombre.
No podrán atarme, no.
Este mundo de cadenas
me es pequeño y exterior.
¿Quién encierra una sonrisa?
¿Quién amuralla una voz?
A lo lejos tú, más sola
que la muerte, la una y yo.
A lo lejos tú, sintiendo
en tus brazos mi prisión:
en tus brazos donde late
la libertad de los dos.
Libre soy. Siénteme libre.
Sólo por amor.
Sencillez
9 06, 2009Ayer, comentaba uno en el gimnasio:
-Yo, en cuanto puedo, me subo a la sierra. Buenas botas, bastón. Un mapa, brújula. Mi lata de sardinas y un cacho de pan. Una chocolatina, por si me da la pájara. Sí, sólo. Estoy a gusto y no necesito más.
Se me ocurrió que ese hombre iba a ser feliz más veces que la mayoría de nosotros.
Pesos y medidas
2 06, 2009Dicen que, si pesamos a un ser humano antes y después de su muerte, encontramos con que en todos los casos pierde 21 gramos. Justo 21 gramos. Siempre, en todos los casos. Hay quienes opinan que ese es el peso del alma, el soplo vital o como queramos llamarlo. El peso de ese algo que nos anima, que hace de nosotros algo más que una suma de componentes químicos.
De ser cierta esa teoría, bien poco sería la proporción. En un varón de unos 80 kg, la porción de alma sería menos del 0,003 % del peso total. Poquito. Y sin embargo –siempre de ser cierto que eso fuese el alma o algo parecido-, sin esa fracción vital, no somos nada.
¿Y cuánto pesa el derecho al voto? Aún menos. Si le pesan a usted, a mí o a ese señor de la esquina, antes y después de votar, resulta que el peso no varía. El derecho al voto no pesa nada. Nada de nada.
Y, no obstante, cuando millones de ciudadanos ejercen su derecho al voto, los centros de gravedad de un estado varían de forma drástica. Y lo hacen para siempre. Cambia el curso de la historia, en una dirección u otra.
Tal vez sólo 21 gramos convierten a una masa de carbohidratos y proteínas en ser humano. Y la suma de votos que no pesan nada determina el rumbo de una nación. Es más. Ese intangible sin peso es lo que diferencia a un ciudadano de un súbdito. Un simple derecho que no puede cuantificarse en una báscula.
Qué cosas, ¿verdad? No pesará, pero ha de administrarse con cuidado. Y no solemos hacerlo. Ni siquiera lo valoramos. Y no es justo. Durante los siglos XIX y XX, millones de nuestros compatriotas las pasaron canutas y, en muchos casos, sufrieron exilio o incluso malas muertes para legarnos eso que, demasiado a menudo, desdeñamos.
Un solo voto no tiene peso. Todos sumados tienen un peso y un alcance infinitos. Por eso, por lo que significa, y porque es algo que hasta el más pobre de nosotros puede esperar legar al futuro, conviene manejarlo con atención. Hemos de votar en conciencia, según lo que nos dicten nuestras ideas y sentido común. Incluso no votar es una forma de votar, siempre que se haga con conocimiento de causa y no por simple vagancia. Hemos de respetar también el voto ajeno, aunque nos repatee.
El derecho al voto no pesará nada pero su alcance es tremendo. Lo hemos recibido –aún quedan vivos algunos que lucharon para que todos lo tuviéramos- y podemos y debemos trasmitirlo a futuras generaciones. Hemos de cuidarlo con tanto mimo como a la atmósfera o a los bosques. Si no por nosotros, por los que lo ganaron para todos y por los que vendrán después de nosotros. Es el patrimonio común.
En una lejanía (fragmento)
27 05, 2009Mujer,
Apenas resonancia,
Apenas territorio
Donde el abismo a veces me aguardaba,
A ti,
Apenas mi palabra
Doblándose en la cruz de la nostalgia.
Mi soledad
Te abisma de silencio
Y nuestros pasos
Parecen
Grabarse en la secreta
Penumbra
De todas las tristezas.
Pero
Tiendes un puente
Hasta mí
Desde tus lejanías,
Te presentas
-perfil de compañera-
Y toco
Tu proyectarse de horizonte
Hacia mis ancestrales
Soledades.
William Baecker