Una columna de opinión de un servidor publicada el domingo en planet-bmp sobre el cierre de Megaupload. Algunos le quitaban hierro, pero para mí supone un vuelco en la actual situación y trato de argumentarlo en esas pocas líneas.
Una columna de opinión de un servidor publicada el domingo en planet-bmp sobre el cierre de Megaupload. Algunos le quitaban hierro, pero para mí supone un vuelco en la actual situación y trato de argumentarlo en esas pocas líneas.
Bueno, pues me he decidido a crear en Youtube un canal o lista sobre libros. Lo he llamado así y en cuanto al motivo que me ha movido no puede ser más sencillo. Hablar de libros que he leído y me han gustado. Ya decía en el video con el que abrí el otro día mi canal en Youtube que el problema es que cuando uno escribe demasiado se satura. Así que hay que aprovechar las ventajas que dan los medios tecnológicos. Y charlar unos minutos sobre libros que uno aprecia es todo un placer.
Aquí os dejo el enlace al canal.
Y también el primer comentario, que no podía ser otro que Salambó, por supuesto.
Tan solo eso. Inicio entradas por el procedimiento del videoblog (sin abandonar las escritas) y para arrancar comento el motivo, y dadas las fechas en las que estamos, os felicito de paso el Nuevo Año. Ha quedado la imagen demasiado baja, se me perdona por ser la primera entrada, pero desde luego como director de cine no tengo futuro, no. Procuraremos ir mejorando entrada a entrada. Y sí, en esta primera me he dado el capricho de ponerla en sepia.
Piratería, pedagogía e imagen en Armas y bagajes
Tenía ya escrito este post, que publiqué ayer mismo en Armas y Bagajes. Pero tuve que rehacerlo un poquito a raíz de algún dato y declaraciones publicadas. Datos y declaraciones que me hacen reafirmarme en eso que comento, que ya no vale solo con medidas legales contra la piratería…
Ahora que estoy revisando Los lugares secretos para una edición electrónica (así ya de paso lo anuncio), he vuelto a todo el antiguo material. He repescado esta entrevista que me hizo Nadia McGowan sobre el libro. La he visto de nuevo tras un par de años y me ha encantado el trabajo que hizo, sobre todo porque parte del material era difícil de trabajar. Aquí lo comparto con vosotros.
Relata hoy Rosa Montero en un artículo en El País un caso de plagio sentenciado por los tribunales. Lo cierto es que es una situación bastante extrema, aunque no insólita. Es de suponer que el vivales ese apostó a que una novela en red no estaba registrada. También a que había pocas probabilidades de que alguien leyese las dos novelas. La gente no suele pensar en eso pero dado que se publican cientos de miles de libros al año tampoco es tan fácil que alguien lea plagiado y plagiador, y menos que el propio autor o editor topen con el texto fusilado.
Pero tampoco es para alarmarse tanto. Los autores estamos bastante protegidos. Las editoriales dan a los libros isbn y depósito legal, lo que ya respalda tu autoría. Eso no quiere decir que no sea más que prudente registrar las obras. Pero en los tiempos actuales tenemos aún más defensa. Está por ejemplo el email. Si uno anda moviendo sus textos por email ya hay una constancia que puede ser muy útil.
Más bien los autores tenemos a veces que guardarnos por el lado contrario. Es decir, de que no se te pueda acusar de plagio. De autores más veteranos aprendí a nunca leer de favor manuscritos. ¿Por qué? Porque como algún día escribas algo que tenga alguna idea parecida a las contenidas en ese libro, puedes tener un problema. Otro tanto he hecho siempre en los talleres literarios: negarme a escuchar esas «grandes» ideas para una novela que fulano o mengano de buena fe quiere compartir contigo. Que como bien sabe un buen amigo mío, si alguno hizo alguna vez una película en la que salía un fontanero asesino, como tú hagas otra en la que salga otro, no faltará nunca quien con retintín ande preguntándose en voz alta si no te habrás «inspirado».
Pues sí, es bueno cuidarse los dos flancos, pero tampoco nerviarse. Con unas mínimas precauciones, es harto difícil que te roben una novela, o que alguien pueda decir que usaste un argumento que él te comentó. Mínimas precauciones como, por cierto, si cuelgas novela inédita en internet mejor pásala por registro, desde luego.
Una entrevista muy jugosa que me hicieron como acompañamiento a la presentación del libro, con motivo de su salida en e-book. Con el aliciente además de estar en inglés.
Pues eso. Que este es un país lleno de leyes. Pero esas leyes son como varas con un extremo romo y el otro puntiagudo. Puntiagudo para los ciudadanos, romo y alhomadillado para las administraciones. El último ejemplo es el reparto de compensación por préstamos en bibliotecas, que ha suspendido CEDRO porque casi nadie lo ha pagado. Más nos valía tener la mitad de leyes y que se cumplieran. O, mejor, que cuando se aprobase una ley, el Gobierno estuviera obligado a explicitar de dónde saldrán los fondos (caso de la ley de dependencia) o qué mecanismos habrá para que se cumplan, caso de este que comento en la nueva entrada de Armas y Bagajes.
Un cuento de miedo. Pero miedo de verdad
Preferiría obsequiaros con un cuento de Navidad, de esos amables y que entibian aunque un poco los tuétanos. Pero este es un relato bastante aterrador. Digo relato porque está compuesto presentación, nudo y desenlace, con vuelta de tuerca final. También porque voy a relatarlo. Sería fácil dramatizarlo, convertirlo en cuento de pleno derecho, pero no tengo ganas. Os lo regalo si es que alguno se anima. Todo vuestro.
Este es el relato, porque así sucedio:
Acudí a comprar un décimo de lotería propio antes de que fuese tarde. Ese que muchos compramos para nosotros solos (si acaso lo compartimos con la familia más cercana). De camino se me vino a la cabeza el 4. Pues nada, a comprar el 4. En el despacho vi un 4, opté por ese. Más hete aquí que la señora de adelante pidió décimos y rechazó otro 4. Ahí volvió a los cordeles. ¿Cómo no me lo iba a llevar también?
Esas son reacciones que veía de chaval y de las que me reía. Todo aquello de los vendedores ambulantes que refregaban los ´números ante los ojos de los clientes de los bares. Décimos que ellos, ya vistos, compraban jurando en arameo, no fuera que tocase. Risa me daba. Y hete aquí que al final años después he caído en los mismos vicios.
Sé que es pura manía, que las probabilidades están del todo en contra. Pero es que imagina que toca…