Enemigos del Imperio

 

Libro Enemigos del Imperio

Editado por Edaf

Disponible en papel y ebook en librerías y plataformas de internet.

Aunque en el momento de escribir estas líneas Enemigos del imperio lleva solo unos pocos meses en el mercado, ya tengo que considerarlo una obra bisagra en mi trayectoria, una transición entre dos formas —en lo personal— de concebir la divulgación histórica. En obras anteriores —Aquellos fabulosos veraneos, Godos de Hispania, Una historia de las sociedades secretas españolas, etc.—, yo estaba más centrado en el qué (qué es lo que ocurrió) que en el por qué o el hacia dónde (por qué todo ocurrió y qué consecuencias tuvo). Y tal transición es a su vez consecuencia, justamente, de haber escrito este libro.

Pese a su portada nada afortunada —no desde el punto de vista artístico sino conceptual, ya que induce a engaño sobre qué es lo que contiene el libro—, Enemigos del Imperio no es una obra de historia militar. En este ensayo, he querido abordar diversos conflictos en los que no solo colectivos humanos sino también personajes concretos se enfrentaron a la Monarquía Hispánica; esa a la que coloquialmente conocemos como Imperio español.

Y lo he querido hacer no desde el tópico sino tratando de mostrar por qué se llegó al choque y qué consecuencias tuvo para las partes involucradas, así como, en ocasiones, para gentes en principio alejadas del enfrentamiento. Eso fue lo que me llevó a interesarme más sobre el por qué se produjeron los acontecimientos y a qué condujeron. Y en eso se centrarán —supongo— mis próximas obras en el campo de la divulgación histórica.

Enemigos del Imperio es también una reivindicación de la historia no canónica. Y, después de haberlo soltado, por supuesto que les voy a explicar qué significa tal cosa. El canon en literatura, música, artes plásticas, etc., es el conjunto de obras que los expertos —o autodenominados expertos— deciden que son las importantes y dignas de guardarse para conocimiento de las generaciones posteriores. Y la creación de cánones implica oscurecer todo aquello que no se considera digno de pertenecer a ellos. Así, en pintura, a la gente de mi generación se les habló en la escuela de las vanguardias (cubismo, expresionismo, impresionismo) y, a cambio, se les hurtó el conocimiento de aquellos pintores que no encajaban en tales vanguardias. Por eso yo fui uno de tantos que descubrió a Ulpiano Checa o Fortuny en edad tardía, gracias a esa bendición llamada Internet, a la que algunos consideran un compendio de las Diez Plagas Bíblicas.

En historia pasa exactamente igual. Durante mucho tiempo, ha habido quienes han decidido qué hechos y personajes del pasado fueron importantes para el devenir histórico y en condición de tales entraron en los libros de enseñanza, en tanto que a otros se les relegaba al olvido colectivo. Por supuesto que en todo eso hay una parte utilitaria, ya que no toda la historia puede caber en los textos del colegio. Pero también tiene una vertiente arbitraria, debida a gente que se arroga el derecho a decidir qué y quienes son o no importantes.

Yo soy de los que consideran muy relativo todo eso de historia mayor o menor. Mucho de lo que cuento en Enemigos del Imperio tuvo una importancia capital para la historia española. No es historia menor sino historia no canónica, que es bien distinto. Por ejemplo, pocos españoles conocen de las feroces luchas que libraron durante siglo y medio los españoles y los indios calchaquíes por el control del Tucumán, que ahora es el norte argentino. Pero, sin dominar ese territorio, los españoles no habrían podido articular las comunicaciones por tierra entre sus virreinatos del Perú, Chile y Río de la Plata. Y la Sudamérica española se habría desintegrado como un puzle al que le quitan de repente la base.

Es un ejemplo, pero Enemigos del Imperio está plagado de ellos y por eso aprecio mucho escribir divulgación histórica. Porque yo mismo aprendo al hacerlo, reflexiono, crezco como escritor y me encuentro con horizontes nuevos que no es que fuesen para mí inexplorados, sino que a menudo ni sabía sabían que existían. Todo eso es también parte de lo que he querido trasmitir al lector con este libro y espero, de verdad, que disfruten leyéndolo tanto como yo lo hice al escribirlo.

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