Novela Bandera NegraBandera Negra

 

 

Editado por Edaf, 2017

Disponible en papel y ebook en librerías y plataformas de internet.

 

 

Con Bandera negra quise poner el remate a toda una etapa como escritor de novela histórica que duraba ya más de 15 años y que tenía en su haber nada menos que un total de ocho títulos. Lo hice así en primer lugar para corresponder al Galardón Letras del Mediterráneo que me concedieron en 2017, precisamente para premiar la labor continua como novelista histórico. El galardón vino para mí en el momento justo, porque yo tenía la sensación de haber recorrido —en ese terreno— un camino muy largo y también que, como escritor, poca relación tenía yo ya con aquel que comenzó publicando El hombre de la plata en el año 2000. Así que el galardón fue el acicate perfecto para escribir una novela diferente. Pero no se alarmen ante tal palabra, porque Bandera negra no es una obra de «arte y ensayo» en el sentido peyorativo del término, sino algo así como un experimento y un compendio, como enseguida les voy a explicar.

Lo que quise, al escribir Bandera negra, fue crear una novela, para mí única, hija de buena parte de las herramientas y los recursos literarios que a lo largo de esos quince años había ido aprendiendo, encontrando o incluso desarrollando por mi cuenta. Ejemplo de ello es que cada capítulo está encabezado por el lugar y la fecha en la que se desarrolla, así como por una parrafada en la que unas veces relato un episodio histórico, otras explico un vocablo, otras doy pinceladas biográficas de un personaje, etc.

Lo primero —fechar y situar— es útil para conseguir que el lector se ubique con rapidez y sin esfuerzo, sin necesidad de artificios narrativos. Lo segundo es un desarrollo mío, o al menos no lo he encontrado en ningún libro, porque tampoco pretendo atribuirme invenciones absolutas, que luego descubres que ya todo estaba inventado. Ya en mi novela Corazón oscuro iniciaba los capítulos con la definición de algún término medieval, lo que me ahorraba describirlos en la narración. Mi intención primera tal extender ese recurso en Bandera negra a hechos históricos, personajes, conceptos. Pero esas píldoras de información se convirtieron con rapidez en toda una historia paralela y comencé a desordenarlas para aumentar el interés narrativo. De esa forma, puede que una entradilla concreta adquiera su significado varios capítulos después o, al revés, solo cuando se llega a un encabezado se da toda su dimensión a un suceso previo.

Fue un ejercicio más que estimulante, aporta mucho a la novela y sin duda lo repetiré. Porque con Bandera negra remato todo un ciclo como novelista histórico, lo que no quiere decir que abandone el género, ni mucho menos.

También quise que la propia estructura de Bandera negra fuese distinta. Los capítulos son, por lo general, muy cortos, cosa que obedece a la influencia que los formatos narrativos de las series de televisión están ejerciendo sobre la literatura a través de los lectores. Esos lectores cada vez soportan menos los capítulos muy largos, quizá porque, debido a Internet, cada vez dedicamos menos tiempo seguido a una sola actividad. Los capítulos en esta novela se equiparan a escenas y tengo que decir que la respuesta de los lectores que he podido sondear ha sido muy positiva. No digo que sea este el único camino a seguir pero sí que no debemos cerrarnos a esta forma de narrar.

Pero no es solo eso, puesto que en la novela muchas cosas pasan dos veces, de forma que Bandera negra está llena de simetrías voluntarias. Por ejemplo y sin destripar lo que ocurre, la historia comienza con una batalla naval y tiene su clímax final en otra muy distinta, muchos años después. Hay muchas otras circunstancias que se dan dos veces y que no voy a contar porque eso sí que sería anticipar demasiado.

Esas simetrías llegan al punto de que Bandera negra comienza en la dedicatoria y no se acaba hasta que el último de los agradecimientos. Esa simetría sí puedo explicársela y, de hecho, no es obvia. Ocurre que la dedicatoria nunca la entenderá el lector, claro, porque las dedicatorias son algo que queda entre la persona que dedica y la que es destinataria de la misma. Y el último de los agradecimientos, en la página final, guarda con esto una simetría porque, hasta que no se lee, el lector no acaba de entender ciertas claves de la novela. Y quiero advertir a los impacientes que hay que leerla al final, sin hacer trampas.

La idea de partida tampoco podía ser una cualquiera. Dado que, entre las condiciones para recibir el galardón está escribir una novela histórica en Castellón, elegí para Bandera negra un momento, la I Guerra Carlista, que está más que arrinconada en la memoria colectiva española. Y dentro de ese conflicto, la guerra marítima entre piratas carlistas de Cataluña y corsarios liberales de Castellón, que esa sí que está por completo olvidada. Tanto con que me encontré con que en el propio Castellón nadie sabía de ella.

Esas guerras corsarias son a la vez el escenario, la escusa y casi un protagonista más. Por ellas desfilan los personajes principales: el veterano capitán corsario Miralles, su sobrina Mercedes, el teniente de la milicia nacional González, el pintor Boix. Ellos, en sus idas y venidas por la costa y el interior se entrecruzan con personajes que fueron reales y que, de puro fabuloso, superan a muchos inventando. En Bandera negra asoman Josefina de Comerford, la guerrillera ultrabsolutista de origen irlandés que gastó su fortuna en pro de la causa realista. El tuerto Felipe Calderó, patrón de barco y padrastro del general Cabrera. José Bonaplata, que fundó el primer telar mecánico en Barcelona y solo consiguió que una turba se lo destrozase, temerosa de perder los empleos… Y así toda una galería de tipos humanos cuyas portentosas vidas resultan difíciles de creer.

Como inciso, no pude evitar introducir, ya en el epílogo al gran espadachín José Llulla, el menorquín que se instaló en Nueva Orleans y ganó más de un centenar de duelos a espada, cuchillo y pistola, sin haber empezado él ninguno. Fue un pequeño lujo que como escritor me di.

En cuanto a las tramas… solo les contaré que la historia se va ramificando a partir de la llegada del teniente de la milicia a bordo del Bien parecida, el falucho del capitán Miralles, que se dedica a perseguir el tráfico de armas a favor de los carlistas en esas costas, y que poco a poco se abren otras historias. Muchas son otros tantos homenajes que hago a la novela histórica y de aventuras, y solo las que no me voy a extender aquí. Si están pensando a estas alturas que disfruté mucho escribiendo Bandera negra, aciertan. Disfruté muchísimo.

Para un autor, todas sus novelas son como sus hijos. Aunque les ponga igual mimo a todas, lo cierto es que unas salen peor y otras mejor, y unas tienen más suerte en la vida y otras menos. Como los hijos, vamos. Con Bandera negra, a pesar de que podía haberme dado de sobra para una novela cuatro veces más extensa, he podido sumar la satisfacción de recibir toda clase de comentarios favorables sobre ella, por parte de personas cuyo criterio aprecio mucho. Y también de lectores que dicen haber disfrutado mucho con ella, cosa que es el mejor elogio que puede recibir una novela.

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