Editado por Harper Collins México

Disponible en papel en librerías y plataformas mexicanas.

Cuando por fin me senté a escribir Series negras, llevaba ya tiempo picándome en la punta de los dedos las ganas de escribir una novela de género negro. Se debía por una parte al deseo de no encasillarme en exceso, ya que llevaba encadenadas varias novelas históricas seguidas. Y, por otra parte, considero que una buena forma de crecer como escritor es adentrarse en terrenos narrativos nuevos. Géneros distintos que exigen recursos diferentes. Enfrentarse a ellos le arma a uno, le dota de nuevas herramientas literarias.

Como ocurre a menudo cuando uno se dedica a explorar, el resulta de Series negras fue una novela extensa que incluye multitud de temas y tramas. Siempre me ha gustado ese tipo de novelas negras con fuerte carga costumbrista, entendido costumbrismo como la descripción de ambientes y tipos humanos. Hace ya años, escribí en un artículo que, en mi opinión, la novela de frontera tenía entre sus últimos avatares a la ciencia-ficción y al género negro. La primera porque se va a la frontera exterior, que es el espacio. La segunda porque discurre a menudo en esa frontera interior que es el territorio justo al borde de la ley. Ahí, los protagonistas quedan librados a sus propios recursos para salir más o menos enteros del trance.

Series negras transcurre a finales de la primera década del siglo XXI, en pleno estallido de la burbuja del ladrillo y el derrumbe de la economía. Su protagonista, Carmelo, es un empresario dedicado a la energía solar; un sector que el poder impulsó durante años para después no solo abandonar, sino castigar de manera extraordinaria. Como tantos pequeños y medianos industriales de esos años, Carmelo se ve con problemas de liquidez y enfrentado a una quiebra que le puede llevar a perder todo cuanto la levantado durante años. Para salir del apuro, acepta un encargo relacionado con temas anticuarios que, de manera inevitable, le llevará a verse en aprietos aún mayores…

Y hasta ahí puedo contar. De todas formas, aunque esa es la trama principal de Series negras, hay otras, porque ya he dicho que es una novela con multitud de temas. En cuanto al título, quien la lea ya descubrirá por qué, ya que es el motivo, el alma de la narración.

Por muy orgulloso que yo esté de Series negras, lo cierto es que tardó 10 años en publicarse. Fue rechazada por una sucesión de editoriales, por los motivos más diversos. Sin mencionar el nombre de la editorial en cuestión, pude ver el informe de lectura que algún indocumentado hizo para esa casa. Ponía a la novela —y de paso al autor, o sea, a mí— a caer de un burro, cosa que en sí misma no me molesta especialmente. Lo que sí me enfurece es constatar que un lector o un crítico o un reseñador habla de lo que no se ha leído. El lector de marras no sabía ni de qué iba en realidad la novela.

Por lo que dejó escrito aquel mamarracho, quedaba claro que se había leído el primer capítulo de Series negras y luego había ido haciendo catas a lo largo del libro. Supongo que no le pagaban mucho y la novela rondará el millón de caracteres, pero ese no es mi problema. Daba por supuesto que la historia del capítulo inicial era la trama principal y, a partir de ahí y ojeadas a lo largo de las páginas, se lanzó a destrozar una novela que no había leído. Es algo con lo que me he topado repetidas veces y que otros autores conocen: que un tipo que no se ha leído tu obra (o no ha visto una película) arremete contra ella. Y yo siempre he pensado que, si tienes que hablar de una novela que no has leído, por lo menos ten el buen gusto de ponerla bien y no de vuelta y media.

En otros casos, Series negras fue desestimada por simple criterio comercial. En un par de ocasiones, los editores llegaron a decirme, de manera más o menos abierta, que no les interesaba una novela negra mía porque era un género en el que era un desconocido y en el que no estaba promocionado. Que lo que querían de mí era una novela histórica. Como yo, con los años, no he ganado en bondad pero sí en prudencia, me guardé la respuesta obvia: que para publicar novela histórica no les necesitaba a ellos para nada.

Del atasco vino a salir Series negras por la vía casi menos esperada. Primero estuvo en un tris de publicarse por fin en España gracias a los buenos oficios del especialista en género negro David Panadero. Y cuando digo en un tris es porque llegó a firmarse contrato con anticipo y fecha fijada de publicación. Pero un desacuerdo de última hora entre la editorial y el autor —o sea, yo— llevó a la ruptura de contrato. Y entonces intervino Edgar Kraus, editor de Harper Collins México, que ya había leído la novela hacía años, estando en otra editorial, y siempre había querido publicarla.

Así fue como, en 2018, Series negras salió en edición para Latinoamérica. En España saldrá también por una vía u otra, no se preocupen (lo de no se preocupen es un decir, claro, porque no creo que la cuestión les quite el sueño). He de decir, y no es cuestión baladí, que la portada es una de las mejores que me han hecho en mi vida. No es que uno vaya clasificando las portadas de sus novelas. Pero ya, entre las distintas ediciones en español y versiones extranjeras, ya sumo treinta o cuarenta ediciones y tengo claro cuáles son las mejores y peores portadas, tanto desde un punto de vista conceptual como artístico. Créanme que me han hecho algunas portadas exquisitas y otras para matar a alguien. Y esta es de las primeras.

En fin. Que yo quedé más que satisfecho con Series Negras. Y no la considero como una incursión en género ajeno sino como el principio de una travesía por otro campo literario en el que me gustaría ver qué puedo encontrar y cuánto da de sí. Eso último, solo el tiempo nos lo dirá.

Página de León Arsenal
Volver a portada
Volver a Obra
Novela Negra y Thriller de León Arsenal
Volver a Novela Negra y Thriller