Figura contemplativa leyendo en las cumbres montañosas

Laboratorio Literario

El ser humano fabula desde que lo es, porque ya antes de la escritura tuvo el relato oral y, junto a él, la danza, la música y el gesto. Según evolucionaba y se dotaba de más herramientas, fue capaz de construir relatos cada vez más complejos. También cambiaron los soportes sobre los que podía fijarlos y transmitirlos: barro, piedra, papiro, papel, pantalla. Y ninguna de estas transformaciones ha sido el final del camino: cada nueva herramienta ha ido abriendo nuevas posibilidades de contar.

Pero no solo cambiaron los soportes. La literatura tampoco ha dejado nunca de mutar y experimentar, en diálogo con las sociedades en las que se desarrollaba. Son muy diversas las maneras de construir personajes y escenas, de ordenar el tiempo, manejar la voz o relacionarse con los lectores. Cada geografía, cada sociedad y cada época ha heredado fórmulas previas para transformarlas, combinarlas o incluso abandonarlas en favor de otras.

De estas ideas nace nuestro Laboratorio Literario: de entender el relato no como un conjunto de reglas rígidas que aprender y acatar, sino como una herencia que recibir, transformar y discutir, y también como un territorio que explorar.

Nuestro laboratorio se desarrolla en Torrelaguna, lugar que suele asociarse con el pasado, por haber sido cuna de figuras como el cardenal Cisneros. Pero conviene recordar que ese pasado fue a su vez innovador. Cisneros, por ejemplo, fue un reformador y experimentador que impulsó la Universidad de Alcalá como proyecto intelectual avanzado para su tiempo y promovió una empresa tan ambiciosa como la Biblia Políglota Complutense.

También en la narrativa hay que asumir la tensión entre herencia e innovación: trabajar con lo recibido sin convertirlo en dogma, conocer los recursos literarios para emplearlos, sí, pero también combinarlos, alterarlos o incluso abandonarlos si es necesario.

El Laboratorio Literario pretende ser un espacio de práctica, lectura, discusión y experimentación. Un espacio en el que poner las ideas y los textos a prueba, desmontarlos, reconstruirlos y observarlos desde otros ángulos. Rechazamos ese fetichismo de la fórmula única para escribir bien y buscamos comprender mejor cómo funciona lo que contamos y las maneras de contarlo.